Caño Cristales: un arcoíris derretido en las alturas del Meta

Caño Cristales: un arcoíris derretido en las alturas del Meta

En la sierra de La Macarena fluye el que es conocido como ‘el río más lindo del mundo’: Caño Cristales. Uno diría que es una exageración, pero una vez que lo ves en vivo y en directo entiendes que decir ‘el río más lindo del mundo’ se queda corto para describir la maravilla y belleza que estás presenciando.

Había visto fotos, videos y decidí que sí o sí debía conocerlo. Pero también había escuchado y leído sobre el peligro que representa el turismo para esta maravilla natural. Como amante de la naturaleza siempre busco ser responsable con mis viajes y con la forma en la que conozco un lugar nuevo, y para nadie es un secreto que el turismo irresponsable es uno de los factores que más afecta el medio ambiente y también las culturas que habitan en los territorios visitados. Sin embargo, una ola de turismo responsable y sostenible se está levantando, para que los que somos felices viajando y conociendo podamos tener un encuentro con nuestras raíces de forma orgánica y consciente.

 

Si quería conocer Caño Cristales debía hacerlo de forma responsable, por lo que decidí viajar con Awake Travel, que a partir del modelo de eco-turismo y la implementación de anfitriones locales, logra mantener un turismo sostenible y no destructivo.

El viaje lo realicé en julio, pues entre junio y noviembre las lluvias permiten el crecimiento de las Macarenia Clavigera, las plantas acuáticas que adornan el río y le dan el conocido nombre de ‘el río de los cinco colores’. Al llegar al municipio de La Macarena fui recibida por uno de los anfitriones, Jairo Fandiño, un local que ha vivido toda su vida en la zona y que desde niño ha realizado acompañamiento a Caño Cristales. Creo que una de las cosas más bonitas de viajar de esta forma es conocer a las personas que son originarias de los territorios, su humildad, carisma y el amor que tienen por su hogar lo llenan a uno de felicidad y el viaje se transforma en una forma de no solo conocer un nuevo lugar sino a la gente que lo habita.

El primer día recibimos una charla de inducción de las entidades ambientales locales y después tomamos una lancha por el Río Guayabero para llegar a Caño Cristalitos, un pequeño río de aguas cristalinas y piscinas naturales que es tan solo un abrebocas a lo que vendría después. El almuerzo fue servido en fiambre, que es un envuelto de hojas de platano, esto con el fin de no consumir plásticos de un solo uso que haría un gran daño al ambiente. Más tarde estuvimos nadando un rato en las piscinas naturales y disfrutando del hermoso atardecer.

Al día siguiente nos levantamos temprano y volvimos a tomar la lancha por el Río Guayabero; llegamos a Puerto Mango, donde nos esperaba un 4X4 para llevarnos hasta el inicio del sendero a Caño Cristales. Durante la caminata disfrutamos de un paisaje increíble que jamás borraré de mi memoria, y fue increíble cuando vi el río por primera vez. Jamás había visto un espectáculo tan hermoso, ahí sí que entendí el porqué de ‘el río más lindo del mundo’. Tuvimos la oportunidad de tomar unas fotos increíbles y zambullirnos en zonas específicas para poder caretear y ver las Macarenia Clavigera de cerca, siempre con acompañamiento especializado.

A la hora del almuerzo volvimos a tomar nuestra comida en fiambre mientras disfrutábamos del sonido del agua corriendo. Volvimos a zambullirnos en el agua y comenzó a atardecer. En ese momento quise que el tiempo se parara, lo que estaba viviendo era hermoso, la gente con la que estaba también. Definitivamente es un instante que perdura.

Durante mi recorrido por Caño Cristales tuve la oportunidad de charlar con Jairo, quien me comentó que son más de 300 familias las que han participado y sido beneficiadas por el turismo responsable. Me contó que el apoyo a los locales ha permitido que ellos puedan trabajar en algo que les hace tomar más amor a la fauna y flora de la zona, y al crecer su economía por el eco-turismo no hay necesidad de realizar trabajos de caza. La sonrisa de Jairo al hablarme de esto me dejó muy claro el papel que tenemos los viajeros al conocer nuevos lugares y de la felicidad que obtienen los locales al construir su camino de forma consciente.

Volvimos a La Macarena y a la mañana siguiente fuimos a Caño Piedra, donde se pueden observar las sabanas llaneras y descansar a la orilla del río, una hermosa forma de terminar el viaje. Volví a casa, pero una parte de mí quedó allá.