Hace más de 30 años, dos aventureros se instalaron en Nuquí, entre la selva y el mar, empezaron a construir su casa y el sueño de generar un espacio auto-sostenible lejos del caos de la ciudad, el acelere del consumismo y en armonía con la naturaleza. Hoy, abren las puertas de su casa al turismo para recibir a visitantes con el cuerpo, la mente y el espíritu listos para el disfrute de la belleza de lo simple, en un lugar donde lo esencial está vivo: Nuquí.